12/06/2008

Mantenimiento

Seguimos cerrados por mantenimiento mental. Esperamos ajustar pronto todas las neuronas para continuar escribiendo tonterías por aquí.

homer-brain

Hasta entonces, pueden ver algunas de las lecturas interesantes que comparto en Google Reader, o lo poco que suelto en el Twitter cuando me acuerdo de él.

4/06/2008

Sobre la sábana de Turín

Una entrada rápida para apuntar dos posts recientes sobre la Sábana de Turín, uno de esos temas que me fascinaban en tiempos pretéritos:

3/06/2008

Lealtad incondicional

Como cada semana, merece la pena leer la columna de Pérez Reverte en su Patente de Corso. En esta ocasión dedicada a una anécdota sobre los perros y su lealtad, justo cuando yo he perdido una de esas lealtades incondicionales.

Como su web no destaca precisamente por su usabilidad, y me apetece compartir la columna, le fusilo el texto directamente:

ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 1 de Junio de 2008

Insistir, a estas alturas, en que aprecio en general más a los perros que a los hombres es una obviedad que no remacharé demasiado. He dicho alguna vez que si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, ésta ganaría mucho en el cambio; mientras que sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable. Cuestión de lealtad, supongo. Hay quien valora unas cosas y quien valora otras. Por mi parte, creo que la lealtad incondicional, a prueba de todo, es una de las pocas cosas que no pueden comprarse con retórica ni dinero. Tal vez por eso, la lealtad, en hombres o en animales, siempre me humedece un poquito las gafas de sol.

Todo esto viene a cuento porque acabo de darle un repaso a El Valle de la Muerte, un ensayo de Terry Brighton sobre la carga de la Brigada Ligera durante la guerra de Crimea. Aquello, más conocido por la carga entre los que están en el ajo, es asunto que algunos frikis de la materia –los periodistas Jacinto Antón y Willy Altares, mi compadre Javier Marías, yo mismo y algún otro– cultivamos, desde hace muchísimos años, como materia de reflexión y tertulia, sobre todo a la hora de comparar la leal actuación de los lanceros, dragones y húsares ingleses aquel 25 de octubre de 1854, dejándose el pellejo bajo la artillería rusa, con la criminal incompetencia de los mandos británicos que ordenaron el ataque, notorio entre las grandes imbecilidades militares de la Historia.

La historia es conocida: cinco regimientos de caballería británicos cargaron de frente contra una batería rusa, a través de un valle de kilómetro y medio de largo, batido a la ida y a la vuelta por fusileros y artillería. De seiscientos sesenta y seis hombres volvieron a sus líneas heridos o ilesos, muchos a pie y todos bajo fuego enemigo, trescientos noventa y cinco. Hasta la suerte de sus caballos se conoce: de los pobres animales que montaron los ingleses, galopando entre el estallido de las granadas o sueltos luego por el valle enloquecidos y sin jinete, murieron trescientos setenta y cinco. Ni siquiera los famosos versos de Tennyson, que varias generaciones de escolares aprendieron de memoria –«Media legua, media legua / media legua más allá…»–, pueden embellecer el asunto. Fue una carnicería en el más exacto sentido de la palabra.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de perros. Porque lo que pocos saben es que, ese día, dos perros cargaron también contra los cañones rusos. Se llamaban Jemmy y Boxer, y eran, respectivamente, las mascotas del 11o y del 8o regimientos de húsares. Los dos canes habían acompañado a sus amos desde sus cuarteles de Inglaterra, y estaban en el campamento británico cuando se ordenó a la Brigada Ligera formar para la carga. Así que, como tantas otras veces en desfiles y maniobras, los dos fieles animales acudieron a colocarse junto a las patas de los caballos de los oficiales, dispuestos a marchar al mismo paso, sin obedecer las voces de los soldados que les ordenaban apartarse de allí. Después sonó la corneta, empezó la marcha al paso, luego al trote, y cuando, bajo intenso fuego de artillería, se pasó al galope y sonó el toque de carga, con las granadas reventando, hombres cayendo por todas partes, estruendo de bombazos y caballos destripados o sin jinete, Jemmy y Boxer siguieron corriendo imperturbables, junto a sus amos, en línea recta hacia los cañones rusos.

Parecerá increíble para quien no conozca a los perros. Esos chuchos cruzaron todo el valle de Balaclava entre un diluvio de fuego –«Hasta las fauces negras de la Muerte, / hasta la boca misma del Infierno»– y permanecieron junto a los húsares, o lo que quedaba de ellos, mientras éstos acuchillaban a los artilleros enemigos y morían entre los cañones. Después regresaron despacio, al paso de los caballos maltrechos que traían a los supervivientes, junto a hombres desmontados o heridos que caminaban y caían exhaustos, entre el tiroteo ruso y los disparos de quienes remataban a sus caballos moribundos ante de seguir a pie. Tres largos kilómetros de ida y vuelta. Jemmy y Boxer hicieron la carga junto a los primeros caballos de la brigada y regresaron a las líneas inglesas con el primer hombre montado de sus respectivos regimientos que volvió a éstas: Ileso Boxer, sin un rasguño; herido Jemmy por una esquirla de metralla en el cuello. Y ambos, acabada la campaña, regresaron a Inglaterra y murieron viejos, honrados y veteranos, en su cuartel.

Ni Tennyson ni poeta alguno hablaron nunca de ellos, ni en el poema famoso ni en ningún otro maldito verso. Por eso he contado hoy su historia. Para decirles que por el Valle de la Muerte, cargando contra los cañones con la Brigada Ligera, también corrieron dos buenos perros valientes.

2/06/2008

Indy, nos hicimos mayores

indiana-jones-crystal-skull Fiel a una extraña tradición, la empresa en la que trabajo nos invitó a todos los empleados un año más al cine, en esta ocasión a la película más esperada de los últimos tiempos: Indiana Jones y el templo de la calavera de cristal.

Al terminar la proyección, el comentario entre unos cuantos compañeros era el mismo: quizás nos habíamos hecho mayores, y aquellas aventuras que tanto nos fascinaban (hace ya 19 años que se estrenó La última cruzada) no impresionan a unos treintañeros preocupados por cosas más mundanas.

Pero al ver unos días después Indiana Jones y la última cruzada de nuevo en la tele, acabé por convencerme de que no era así, y que por desgracia, hay otras razones por las que la peli defrauda.

<SPOILERS>

El guión es bastante flojo, y ya podían haber buscado una historia un poco mejor porque lo de meter extraterrestres no pega con el Dr. Jones ni con cola. Como si no hubiera mitos suficientes en la historia para tener que recurrir a ETs… Y el guión parece escrito sobre la marcha.

Por supuesto, la película es entretenida y divertida, con abundantes chistes del propio Harrison Ford sobre su edad, y entre lo mejorcito está Cate Blanchett, magnífica como investigadora paranormal rusa. Pero la película no deja de ser un “autohomenaje” de Spielberg, que mezcla (sin mucho acierto) sus Indianas, sus ETs y sus Encuentros sin ofrecer en el fondo nada nuevo, aunque en realidad se trate de eso: explotar el filón y no experimentar.

</SPOILERS>

Puntuación: 5/10

Otras críticas:

29/05/2008

Infinito

Sólo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana… y no estoy seguro de lo primero.

Albert Einstein