Recomendaciones del Día del Libro (2013)

En un día primaveral perfecto para sentarse en un parque o en el campo con la compañía de un libro, un par de recomendaciones:

  • La pesca del salmón en Yemen, de Paul Torday. Una novela muy divertida, absurda, llena de ternura y tragedia, con una importante carga crítica bajo la superficie y un estilo narrativo bastante original. Características que como eran de esperar se pierden en la versión cinematográfica.
  • Solaris, de Stanislaw Lew. Prodigiosa obra de ciencia-ficción que plantea cuestiones sobre la vida, el antropocentrismo y las relaciones humanas. Imprescindible para cualquier amante del género.

Y a mi me está esperando La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro, cuy0 reciente fallecimiento (como ocurre con frecuencia) ha puesto esta obra en mi radar.

 

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Bye, GReader

FeedlyHace unas semanas, Google dio un puñetazo en la mesa y decidió cerrar su lector de feeds para sorpresa de la, al parecer pequeña, comunidad de fieles usuarios. Sin entrar en las razones del cierre ni en el considerable cabreo que nos produjo a muchos, se hacía necesaria la búsqueda de una alternativa que nos permitiera seguir consumiendo la información de esta manera.

De las varias alternativas que he estado usando tras unas semanas de pruebas, la que más me ha convencido con mucha diferencia es Feedly y salvo sorpresa será sustituto definitivo. Descartadas las aplicaciones de “recomendación” que se están poniendo de moda tipo Flipboard o Zite (que intentan comparar con los lectores tradicionales cuando no lo son), Feedly tiene casi todo lo que le pido a un lector de feeds. A saber:

  • Sincronización. Imprescindible. Que pueda leer desde cualquier dispositivo.  Y básico para otros de los siguientes puntos.
  • Diseño minimalista. Poder ver los titulares de un sólo vistazo y descartar rápidamente lo que no me interese. Que sea simple y no tenga adornos innecesarios.
  • Aplicación web. Uso varios ordenadores y no quiero tener que ir instalando un programa en todos para acceder a los contenidos.
  • En el móvil. Suena contradictorio con lo anterior, pero debe tener una aplicación para el móvil. Las versiones web para móvil/tablet suelen ser más limitadas (y sólo uso un móvil).
  • Redes sociales. Capacidad para compartir los contenidos. La integración con redes sociales y las funciones para compartir contenido están mucho más desarrolladas que en Reader. Twitter, Facebook, Pocket, Buffer, Delicious… Todo está a un click y ya no tengo que recurrir a ifttt para estos menesteres.
  • Atajos de teclado. Una vez que los aprendes y te acostumbras, facilitan el uso en la web de manera sustancial.

Aunque de momento siguen dependiendo de la API de Google Reader, están trabajando en un clon de ella para convertirse en una aplicación independiente el momento en que Reader cierre definitivamente por lo que todas las funcionalidades se mantendrán.

¿Desventajas? Realmente sólo una. Se echa de menos el buscador, y será difícil que puedan estar a la altura del rey de las búsquedas. Y un temor. Si un gigante como Google no ha sido capaz de rentabilizar un servicio como este, ¿qué ocurrirá con el resto? Publicidad, planes de pago,… es algo que supongo que acabaremos viendo.

Isaac Asimov

Isaac AsimovTal día como hoy hace 21 años murió el gran Isaac Asimov, uno de los más grandes escritores de ciencia-ficción (pero no sólo) de todos los tiempos.

Mi primera aproximación a él fue a través de “El fin de la Eternidad“, una novela un tanto atípica en su bibliografía centrada viajes en el tiempo que descubrí en aquellas visitas semanales que hacía a la biblioteca en la adolescencia y que me fascinó. A partir de ahí me convertí en un ávido lector de sus libros, desde la saga de La Fundación a la de robots. Se puede decir que él fue quien despertó mi afición “adulta” por la Ciencia-Ficción y, terminadas sus novelas en la biblioteca, me abrió las puertas a otros grandes como Clarke, Heinlein, Benford, Scott Card, Dick,…

Pero no sólo fue un novelista de ciencia-ficción. Fue un prolífico divulgador científico e histórico, escritor de numerosos ensayos y libros de divulgación. E incluso se atrevió con algunos de misterio, como los libritos de las Historias de los Viudos Negros de los que guardo un gran recuerdo.

Su universo se estructura entorno dos sagas que hará converger con los años. Por una parte la saga de La Fundación, originalmente tres novelas y que acabó por englobar hasta 16 (incluso varios autores modernos escribieron una continuación), con su Imperio Galáctico, Trantor el planeta-ciudad capital del Imperio y sobre todo la Psicohistoria, una ciencia usaba la Matemática para estudiar y predecir la historia de la Humanidad. Por otra parte la saga de los Robots, entre la que destacan sus más famosas novelas: Yo, Robot y El hombre Bicentenario.

Sin duda, la parte más famosa de su legado es ese conjunto de ”formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro” de sus robots, lo que todos conocemos como las tres leyes de la robótica:

1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Pero de entre todos sus escritos, yo me quedo un cuento breve, La última pregunta, que comienza así:

¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Una pregunta que la humanidad plantea por primera vez a Multivac, un gigantesco ordenador, en 2061 y que se responderá al final del relato. Un relato genial, mi favorito de Asimov y de los mejores de toda la ciencia-ficción, que leí cuando empezaba a entender el significado de la entropía y es de esas cosas que no se olvidan nunca.

Para finalizar, os recomiendo que escuchéis el programa que La Biblioteca de Trantor (imposible un nombre mejor), un excelente podcast de Fantasía y Ciencia Ficción, le dedicó hace unos años.

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Asimov en las Fallas de Valencia 2013

Cuando Villarrín salió en la tele

Permitidme que la entrada de hoy del blog vaya dirigida sólo a un pequeño número de personas; la gente de mi pueblo, que seguramente recordará con nostalgia este episodio.

Para un pueblo que en la actualidad apenas congrega a 500 habitantes, fue todo un acontecimiento en su día que las cámaras de Televisión Española acudieran para retransmitir en directo la misa del domingo. Rescatada de una cinta VHS que guardaba polvo junto a otros restos de tecnología obsoleta, aquí queda para el recuerdo.

El resto: parte 2 | parte 3 | parte 4

Un click para apagar el monitor

Como respuesta a la consulta de un amigo (los frikis estamos para eso :) ), os comento una solución muy sencilla (para usuarios de Windows) para apagar el monitor o la pantalla del portátil, y así ahorrar algo de energía.

Sólo se necesita una pequeña aplicación llamada NirCMD, que no requiere instalación. Una vez descargada [versión normal | versión 64bits] y extraída en la carpeta que queramos, sólo es necesario crear un acceso directo en el escritorio (o en cualquier otro lugar) con esta ubicación:

"<ruta completa de la carpeta>\nircmd.exe" cmdwait 1000 monitor off

En las propiedades del acceso directo podremos retocar el aspecto: asignarle un icono más bonito, y darle un nombre más apropiado. Además, si lo dejamos en el escritorio, podremos asignarle una combinación de teclas.

Propiedades del acceso directo

Si nos gusta tener el escritorio despejado y lo colocamos en otro lugar, podemos anclarlo en la barra de tareas (como lo tengo yo) para tenerlo siempre a mano.

Anclado en la barra de tareas

Una aclaración. Esto sólo apaga el monitor, pero no bloquea la sesión. Para bloquear la sesión y mantener nuestro trabajo de miradas curiosas, basta utilizar la combinación de teclas Windows + L.

Espero que os sea de ayuda.