Tal día como hoy hace 21 años murió el gran Isaac Asimov, uno de los más grandes escritores de ciencia-ficción (pero no sólo) de todos los tiempos.
Mi primera aproximación a él fue a través de “El fin de la Eternidad“, una novela un tanto atípica en su bibliografía centrada viajes en el tiempo que descubrí en aquellas visitas semanales que hacía a la biblioteca en la adolescencia y que me fascinó. A partir de ahí me convertí en un ávido lector de sus libros, desde la saga de La Fundación a la de robots. Se puede decir que él fue quien despertó mi afición “adulta” por la Ciencia-Ficción y, terminadas sus novelas en la biblioteca, me abrió las puertas a otros grandes como Clarke, Heinlein, Benford, Scott Card, Dick,…
Pero no sólo fue un novelista de ciencia-ficción. Fue un prolífico divulgador científico e histórico, escritor de numerosos ensayos y libros de divulgación. E incluso se atrevió con algunos de misterio, como los libritos de las Historias de los Viudos Negros de los que guardo un gran recuerdo.
Su universo se estructura entorno dos sagas que hará converger con los años. Por una parte la saga de La Fundación, originalmente tres novelas y que acabó por englobar hasta 16 (incluso varios autores modernos escribieron una continuación), con su Imperio Galáctico, Trantor el planeta-ciudad capital del Imperio y sobre todo la Psicohistoria, una ciencia usaba la Matemática para estudiar y predecir la historia de la Humanidad. Por otra parte la saga de los Robots, entre la que destacan sus más famosas novelas: Yo, Robot y El hombre Bicentenario.
Sin duda, la parte más famosa de su legado es ese conjunto de ”formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro” de sus robots, lo que todos conocemos como las tres leyes de la robótica:
1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Pero de entre todos sus escritos, yo me quedo un cuento breve, La última pregunta, que comienza así:
¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?
Una pregunta que la humanidad plantea por primera vez a Multivac, un gigantesco ordenador, en 2061 y que se responderá al final del relato. Un relato genial, mi favorito de Asimov y de los mejores de toda la ciencia-ficción, que leí cuando empezaba a entender el significado de la entropía y es de esas cosas que no se olvidan nunca.
Para finalizar, os recomiendo que escuchéis el programa que La Biblioteca de Trantor (imposible un nombre mejor), un excelente podcast de Fantasía y Ciencia Ficción, le dedicó hace unos años.

Asimov en las Fallas de Valencia 2013